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Me siento culpable cuando pongo límites

Una de las conductas que más nos cuestan a las personas es la de poner límites. Se nos da regulinchi decir «no», negarnos a algo y decirle a la otra persona que le vamos a establecer un límite porque no estamos bien con su comportamiento.

Poner límites no suele doler por el límite en sí, sino por lo que aparece después. Esa sensación pegajosa de culpa, de haber sido “egoísta”, duro o injusto. Como si cuidarte, priorizarte y protegerte tuviera un coste emocional que hay que pagar.

En consulta aparece mucho esta idea:
«Sé que tenía que hacerlo, sé que poner el límite era necesario… pero ahora me siento fatal».

Y ahí suele venir la confusión.

La culpa, en estos casos, no significa que hayas hecho algo mal. No indica que el límite haya sido incorrecto ni que hayas dañado al otro. Muy a menudo señala otra cosa: que estás rompiendo una regla verbal muy rígida. Una regla aprendida a base de repetición, no de elección.

  • Agradar.
  • No molestar.
  • Estar disponible.
  • Sostener al otro incluso cuando tú te rompes por dentro.
  • El síndrome de la niña buena y complaciente

Cuando empiezas a poner límites, tu sistema emocional interpreta que algo peligroso está ocurriendo. No porque lo sea, sino porque es nuevo. Y la culpa aparece como una alarma: “ojo, esto no es lo que siempre has hecho”.

La trampa está en interpretar esa culpa como una señal de error, cuando muchas veces es solo una señal de cambio. Un indicador de que estás saliendo de un patrón que te protegió en el pasado, pero que hoy te desgasta.

Lo que la culpa intenta proteger

La culpa suele intentar proteger el vínculo, la pertenencia, la imagen de “buena persona”. Quiere asegurarse de que no pierdas el amor del otro, de que no seas rechazado, de que no decepciones.

El problema no es sentir culpa. El problema es obedecerla ciegamente, sobre todo cuando hacerlo implica traicionarte.

Cuando cada límite va acompañado de culpa, muchas personas acaban concluyendo que “poner límites no es para mí”, cuando en realidad lo que ocurre es que nunca se les enseñó a tolerar la culpa que aparece al ponerlos.

  • Porque poner límites no es dejar de querer.
  • No es volverte frío.
  • No es pensar solo en ti.

Poner límites es dejar de desaparecer para que el otro esté bien.

Y a veces, el primer síntoma de que estás empezando a cuidarte no es la calma, sino la culpa.

Además cuando pones un límite y alguien se enfada es precisamente porque se estaba aprovechando de ese límite. Incluso puede generarte culpa haciéndote luz de gas, por ejemplo, que es una estrategia de manipulación emocional.

Soy David, Psicólogo Sanitario y CEO de David Gómez | Clínica de Psicología Avanzada. Mi equipo y yo somos especialistas en regulación emocional, autoestima, trauma, sexualidad, trastornos de la conducta alimentaria, relaciones afectivas y psicología deportiva. Mediante las Terapias Contextuales y de 3ª Generación ofrecemos la mejor terapia psicológica para que puedas sentirte en un lugar seguro, aprender a regular tus emociones y lograr tu bienestar psicológico con la máxima eficiencia. Puedes encontrarme en Instagram y pedir tu cita mediante Whatsapp al 628628409.

Si necesitas un refugio en la tormenta, puedes comprar mi libro «Un viaje hacia el amor (propio)» que te ayudará para que dejes de pelearte contra tus emociones y a manejar la respuesta emocional de culpa.