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Desconectar del trabajo: cuando el trabajo se cuela en tu vida privada

“Es que soy incapaz de no llevarme el trabajo a casa”, “cuando estoy con mis hijos o pasando tiempo en familia, no puedo no pensar en el trabajo, automáticamente mi cabeza se va a todo lo que tengo que hacer mañana…”,  “siento que estoy tirando por la borda todo mi tiempo libre porque logro desconectar del trabajo, cuando llego a casa no puedo dejar de mirar el móvil por si tengo que solucionar algo del trabajo”

Estas son algunas de las frases que a menudo se escuchan en sesión cuando una persona siente que el trabajo ha pasado de ser un área más de su vida a un área que se filtra y se cuela en todos los demás ámbitos como si de un parásito se tratase, sintiéndose imposible de desconectar del trabajo. Y es evidente que el trabajo es una parte muy importante de la vida de las personas y que nos ayuda a (sobre)vivir. Resulta irónico que aquello que nos permite llevar una vida más cómoda, sobre todo a nivel económico, termine en muchos casos por alejarnos de esa misma vida que queremos construir: de nuestra familia, de nuestras pasiones, de nuestros hobbies, de nuestros amigos…

Ocurre, en algunas ocasiones, que no se es consciente de este problema de no poder desconectar del trabajo hasta que el vaso rebosa: mi familia empieza a decirme que estoy ausente, que no me despego del teléfono, que no desconecto del trabajo, que estoy descuidando mi relación de pareja, que ya no bajo al parque a jugar con mis hijos porque me quedo en casa gestionando excel… y un largo etcétera.

Todo pasa por buscar un equilibrio entre dedicarle al trabajo las horas que hay que dedicarle, ya sea en el propio lugar de trabajo o en el ordenador si es teletrabajo y ser capaz de crear un límite entre esas horas y las horas que se dedican a la vida privada. Pero… ¿cómo se puede aprender a hacer algo así como desconectar del trabajo?

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A continuación te dejo algunas de las herramientas que puedes usar en estos casos para aprender a desconectar del trabajo:

Poner límites (físicos y psicológicos). Podemos empezar a levantar muros entre nuestra vida privada y el trabajo para evitar que el ámbito laboral se cuele en nuestra vida más íntima y privada. Hay muchas formas de hacer esto, y dependerá de qué cosas sientas que se están colando. Por ejemplo, si el problema es que tu modalidad de trabajo es el teletrabajo y te resulta imposible desconectar, una buena forma de levantar ese muro sería tener todo tu material de trabajo en una habitación a parte en la que sólo entres en horario laboral (ojo, recuerda que la jornada laboral, legalmente, no puede ocupar más de 8 horas en tu vida, por mucho que trabajes desde casa), y prohibirte entrar en esa habitación fuera de ese horario.

Si el problema es que tu jefe/a te exige que estés disponible fuera de tu horario laboral, una buena forma de levantar ese muro sería, en primer lugar, hablar con él/ella y exponerle que a partir de ahora no vas a trabajar fuera de tu horario laboral. Y si esto tampoco funciona y sigue exigiendo esto, la solución puede pasar por no contestar mails o llamadas fuera de ese horario (ten en cuenta que si una conducta no se refuerza, ésta termina por extinguirse). Estas son algunas de las formas de comenzar a crear barreras que impidan que el trabajo se filtre en tu vida, y probablemente, al comenzar a hacer esto, nos visitará una conocida emoción: la culpa. A continuación veremos cómo gestionar esta culpa.

Gestionar de forma más sana las emociones que llegan. Cuando una emoción llega, lo primero que debemos preguntarnos es: ¿qué viene a decirme esta emoción? Probablemente, cuando la culpa nos visita después de poner algún tipo de límite lo que quiere decirnos es: “mira a ver porque quizás esta acción ha podido hacerle mal a otros o ha transgredido alguna norma moral interna”. Probablemente, como la culpa te está diciendo, puede haber personas que se sientan mal tras esa decisión, sobre todo aquellas que estaban obteniendo un beneficio de esa falta de límites. O puede que lo que esté pasando es que esta nueva acción esté chocando contra alguna norma interna rígida, como podría ser: “el trabajo es lo primero y tienes que mantenerlo a toda costa por encima de todo lo demás”.

Una vez hemos escuchado a esta emoción, simplemente dale las gracias por venir a advertirte y continúa haciendo aquellas cosas que para ti son importantes (pasar tiempo en familia, en pareja, dedicarle tiempo a tus aficiones), aun en presencia de la emoción de culpa. Esta forma de gestionar la emoción hará que no nos bloquee ni nos arrastre y secuestre, y que no comencemos luchas poco productivas contra ella. Simplemente entiéndela, acéptala como parte de ti, y a pesar de su compañía continúa en la dirección de la vida que TÚ deseas, no la vida que la culpa te está pidiendo que lleves.

Estar más presente. Cuántas veces nos hemos visto en la situación de estar en un contexto extralaboral gratificante pero cada dos por tres nuestra cabeza se ha ido a pensar en el trabajo y, como consecuencia, no hemos estado presentes en aquello que nos reconforta y valoramos. No estábamos en el aquí y ahora. Y la vida se pasa sin que la saboreemos porque nuestra mente (y nuestra culpa) automáticamente nos secuestran y no nos permiten desconectar del trabajo. Para ello, resulta muy útil comenzar a practicar Mindfulness, y aprender a darse cuenta de cuándo nuestros pensamientos se han ido al trabajo y, a continuación, traerte de vuelta el momento presente. Para ello, una herramienta que funciona a las mil maravillas, es focalizarse y anclarse en la respiración, y volver al momento presente, que es lo único que tenemos y podemos disfrutar.

Recuerda: el trabajo es una parte de tu vida que te permite cierta estabilidad, pero no es tu vida, sino aquello que puede facilitarla. Trabaja para vivir, no vivas para trabajar.

Y pregúntate: ¿cuántas cosas que para mí son importantes no estoy viviendo por estar secuestrado por el trabajo y la culpa?

Si necesitas un refugio en la tormenta, puedes comprar mi libro «Un viaje hacia el amor (propio)» que te ayudará para que dejes de pelearte contra tus emociones y a manejar la respuesta emocional de culpa.

Soy David, Psicólogo Sanitario y CEO de David Gómez | Clínica de Psicología Avanzada. Mi equipo y yo somos especialistas en regulación emocional, autoestima, trauma, sexualidad, trastornos de la conducta alimentaria, relaciones afectivas y psicología deportiva. Mediante las Terapias Contextuales y de 3ª Generación ofrecemos la mejor terapia psicológica para que puedas sentirte en un lugar seguro, aprender a regular tus emociones y lograr tu bienestar psicológico con la máxima eficiencia. Puedes encontrarme en Instagram y pedir tu cita mediante Whatsapp al 628628409